lunes, septiembre 29, 2008

NOSTALGIA CON LA LLUVIA


La lluvia y el día gris dejan una pequeña carga de tristeza y melancolía. Se añoran viejas cosas, quizás otros momentos vividos del pasado. Se vuelven los recuerdos olvidados ó quizás no tanto, pero que permanecían allí, agazapados, en un rincón del corazón. Retornas viejos sueños con el frío, mientras te encojes y te haces más pequeño en la inmensidad limitada del sofá. Los leños arden en la chimenea y su calor empieza a recorrer tu cuerpo. Sin embargo tienes miedo a cerrar los ojos, tienes miedo a volver al pasado, tienes miedo a la reacción de tu alma.

Dejas pasar el tiempo en esa eternidad de los segundos. Uno, dos tres... Por un momento los cuentas como si al hacerlo pudieras detener el tiempo ó, al menos, aminorar la marcha acelerada de tu vida hacia la nada. Hoy no es como ayer, ni como hace meses, ni tampoco como hace años. Hoy vives el presente, estás aquí, con ese frío que atenaza la habitación y esa lluvia que afuera, en la calle, deja caer sus gotas una a una en una sucesión ininterrumpida, como queriendo sumarse a tu cuenta de los segundos de la vida.

Sin embargo la lluvia no se para, no ralentiza esa marcha, esa cuenta de círculos unidos que forma en las aceras. Quizás en esa suma hay otras vidas, quizás en esa cuenta hay otros sueños, quizás en esos aros, tan monótonos, se encierran mil suspiros e ilusiones.

De pronto un escalofrío te recorre, es un algo instintivo y no buscado. Quizás el frío te ha traído aquel recuerdo a tu cabeza, quizás se trata de una visión surgida tras las llamas, quizás esa cortina tan celosa ha sido descubierta en un instante y la escena apocalíptica que guardas ha salido de su encierro.

Fue una mañana cualquiera, en un día como tantos, pero con sol y cielo azul. Tú subiste hasta aquel sitio; ese faro al que pediste en el pasado que guiara tu destino. El mar estaba en calma y su piel se deslizaba bajo el manto azul oscuro de las aguas. Unas olas caprichosas rompían en la playa estirando sus trenzas en la arena. Era un hermoso cuadro para soñar, para vivir y para amar.

Pero sucedió aquello en una fracción de segundo. Fue un instante como éste de ahora, en el que ese escalofrío recorrió tu cuerpo. De pronto estuviste a punto de apoyarte en aquella barandilla mal sujeta al suelo y dejar que las cosas sucedieran, que alteraran el proceso de tu vida, que rompieran la cadena de acontecimientos que vivías.

Fue un instante, sí, y lo viviste intensamente, pero te apartaste de aquel sitio. Corriste con el corazón agitado y no tuviste el valor de dejar que todo transcurriera y que el reloj de tu vida se parara para siempre, y con él, esa cuenta monótona de los segundos transcurridos.

Hoy es otro día. Ya han pasado muchos meses. Ha llovido mucho desde entonces. Tú has contado tantas gotas de lluvia que su número exacto ni siquiera lo recuerdas. Al fin y al cabo te quedas siempre en esa cuenta sin final de los segundos de tu vida, y de ahí no pasas, aunque sigas contando interiormente.

Rafael Sánchez Ortega ©
22/03/08

8 comentarios:

Mr Bonkei dijo...

Excelente relato.
Un sentimiento

Blue dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
marthalorena1966 dijo...

Me gusto tu relato, porque a mi pasa lo mismo. Emergen recuerdo que tienes guardado en lo mas profundo de tu alma.

Sencillamente Excelente

marthalorena1966 dijo...

Excelente escrito. Es todo lo que puedo decirte.
Have a Nice Day

Andrea para Fonsi dijo...

Interesante!! Espero que estes bie cuando puedas pasa por mi blog para que me visites y dejes tu huella...cuidate!

Mey dijo...

Lo mejor qe pudo hacer es decidir no rendirse...puede qe a partir de ahi no tuviera qe contar las gotas... si hubiera acabado en ese momento no lo sabria...por eso es mejor esperar espectante y esperando qe las cosas cambien ;)

Un besazo, muy bueno ^^

Marysol dijo...

Estoy gratamente admirada por todo lo que he leído aqui. La magia de la red me trajo por estos rumbos y me he encontrado con un despliegue de palabras nacidas del corazón.
Historias que han brotado de tu pluma y que hablan de ti y de lo que mora en tu corazón.
Me voy contenta por haberte leído y con la convicción de que pronto volveré.
Un abrazo en la distancia

IGNACIO dijo...

Hace bastante tiempo que me di cuenta que después de un día llega otro, y que todos merecen ser asidos fuertemente de las manos, para no caernos por alguna rendija de algunos de ellos...

Un abrazo.