viernes, diciembre 09, 2011

TENGO MIEDO...


Tengo miedo a que una noche ya no encuentre ese mensaje que nos dejan las estrellas. A que solo sienta el beso que le mandan a los mares mientras duermen en silencio. Tengo miedo a que mis dedos temblorosos no transmitan más palabras y las lleven al cuaderno...

Cuando pienso en estas cosas me estremezco y siento frío. Veo al hombre y veo al niño solitario que ha salido en una noche a buscar a las estrellas, y le veo que camina hacia la nada, dando vueltas y más vueltas observando a las gaviotas en un baile alborotado. Él y ellas han perdido lo más grande y más hermoso de la vida, ¡la ilusión y la esperanza!; la ilusión de recibir ese mensaje que dejaban las estrellas cada noche y que ahora no perciben como antaño, la esperanza de una nueva primavera donde crezcan amapolas y las olas se disfracen y columpien en cancanes de los astros.

Tengo miedo a que me falte esa fibra tan sensible que me lleve a los violines de la noche y a ese arpa que he escuchado tantas veces, al adagio apresurado, sometido y desbocado que dejaban las estrellas.

Tengo miedo a que tus ojos no devuelvan mi mirada y se extravíen entre nubes y entre sombras porque llega la galerna que humedece los sentidos.

Tengo miedo que una noche no me encuentre las palabras que nos dejan las estrellas y que entonces, estos dedos temblorosos de mi mano, ya no cosan letra a letra ese hilo plateado, de los versos del cuaderno, porque todo ha terminado y no existe más que el eco de la luna y las estrellas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
08/12/11