Mostrando entradas con la etiqueta sentimientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sentimientos. Mostrar todas las entradas

viernes, marzo 23, 2012

TENGO UN LIBRO ENTRE LAS MANOS...


Tengo un libro entre las manos que un día tú me diste, y le miro y busco entre sus páginas, el recuerdo que aflore de tu cuerpo y de tus labios. Es un libro precioso de poemas donde tú anotaste unas palabras y decías en ellas que esos versos me llevarían a ti, cuando leyera.

Han pasado muchos años desde aquello y al tomar ese libro nuevamente he visto la nota en su solapa y he pensado en ese tiempo tan lejano, en los ratos que pasamos, en las cartas que cruzamos, en paseos y paseos caminando sin destino junto al mar, por la ribera. Eran tiempos juveniles con el alma arrebolada en la mezcla de pasión y de utopía juveniles que conducen al amor, era el tiempo del cariño y la aventura, de esos pasos primerizos en que íbamos cubriendo aquella etapa y descubriendo nuestros cuerpos.

Aún recuerdo el primer beso que nos dimos y recuerdo la capilla y el silencio, en un rincón de aquella ermita. Y recuerdo los suspiros que salieron de los pechos, el latido de las almas y hasta el brillo de los ojos susurrando amor eterno.

...Tengo un libro entre las manos que me deja estos recuerdos.

Rafael Sánchez Ortega ©
23/03/12

martes, marzo 20, 2012

HE NACIDO EN UNA FECHA EQUIVOCADA...


He nacido en una fecha equivocada y en un lugar equivocado. Mi infancia ha transcurrido con el mar a mi costado, en la ribera y escollera, y la iglesia en lo alto vigilante y ofreciéndome sus misterios.

Sin darme cuenta subí a ella y me alejé del mar. Fui para aprender a leer y escribir, para balbucear las primeras letras guiadas por mi mano en el cuaderno, fui a garabatear aquellos signos que, solamente, yo sabía interpretar y que poco a poco cobraban sentido.

Pero el mar estaba cerca y tiraba. Le miraba desde la atalaya y desde el patio, le buscaba en el recreo, le sentía en la brisa del nordeste que llegaba hasta mi lado y notaba como el salitre penetraba por mis venas embriagándome con una llamada poderosa hacia su manto.

Y entonces comprendí que mi destino estaba allí, a su lado, en las aguas que veía tan verdosas, con las olas y la playa y entre el vuelo dulce y agradable de gaviotas silenciosas.

Y te juré amor mi mar querido. Te amé entonces como niño y te seguí a lo largo de mi vida, con tu nombre entre mis labios, con tus letras repicando en mi costado y en mi pecho, y así me uní a ti en el destino, a pesar de haber nacido en un sitio y una fecha equivocada.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/03/12

lunes, enero 16, 2012

ES CIERTO.


Es cierto, se me viene la hora encima y casi me olvido de escribirte. Pero aquí estoy, a tu lado en estos momentos de la noche, para decirte un Hola!, para darte un abrazo,para mirarte en silencio y también para hablarte y contarte algunas cosas.

Es cierto que tú no me vas a escuchar, casi diría que hasta me ignoras, que incluso paseas indiferente a mi presencia y te vas a otros rincones, donde puedes ofrecer tu hermosura y reflejarte en el espejo de otros ojos que te devuelvan esa imagen.

Pero yo estoy aquí, como cada noche, como cada día desde hace tanto tiempo, esperando tu mirada, tu palabra, tu pequeño gesto, ese suspiro que sale de tus labios, el susurro de una voz que pronuncie mi nombre, el abrazo de la brisa que me envíes, la ola que venga hasta mi lado a dormir en la arena de la playa.

Pero la fuerza de mis letras es pequeña y mis versos son pobres, no llaman tu atención porque carecen de ese imán que atraiga tus sentidos, que haga latir tu corazón y que tenga la potencia de inflamar el volcán de tu alma para hacer hervir la sangre de mis venas.

Como no puedo abrazarte ni sentir tu abrazo, me abrazo yo y cerrando los ojos, sueño con que mi abrazo es tu abrazo y son tus brazos los que rodean mi cuerpo, los que acarician mis brazos y mi cara y los que dejan esos latidos acelerados que la niebla los confunde y hace tuyos.

Al final cierro el cuaderno y abro los ojos. La oscuridad me rodea y tú ya no estás porque te has ido. Has marchado a otro espacio del tiempo, a buscar a otras personas, a darles aquello que quizás no esperaban y a robarles el corazón que yo quisiera que me robaras.

Y aquí me quedo, mirando el cielo vacío por tu ausencia, contemplando esa inmensidad que me rodea y hablando en un monólogo de sordos, con mis versos y poemas, que el eco me devuelve.

Rafael Sánchez Ortega ©
12/01/12














viernes, diciembre 09, 2011

TENGO MIEDO...


Tengo miedo a que una noche ya no encuentre ese mensaje que nos dejan las estrellas. A que solo sienta el beso que le mandan a los mares mientras duermen en silencio. Tengo miedo a que mis dedos temblorosos no transmitan más palabras y las lleven al cuaderno...

Cuando pienso en estas cosas me estremezco y siento frío. Veo al hombre y veo al niño solitario que ha salido en una noche a buscar a las estrellas, y le veo que camina hacia la nada, dando vueltas y más vueltas observando a las gaviotas en un baile alborotado. Él y ellas han perdido lo más grande y más hermoso de la vida, ¡la ilusión y la esperanza!; la ilusión de recibir ese mensaje que dejaban las estrellas cada noche y que ahora no perciben como antaño, la esperanza de una nueva primavera donde crezcan amapolas y las olas se disfracen y columpien en cancanes de los astros.

Tengo miedo a que me falte esa fibra tan sensible que me lleve a los violines de la noche y a ese arpa que he escuchado tantas veces, al adagio apresurado, sometido y desbocado que dejaban las estrellas.

Tengo miedo a que tus ojos no devuelvan mi mirada y se extravíen entre nubes y entre sombras porque llega la galerna que humedece los sentidos.

Tengo miedo que una noche no me encuentre las palabras que nos dejan las estrellas y que entonces, estos dedos temblorosos de mi mano, ya no cosan letra a letra ese hilo plateado, de los versos del cuaderno, porque todo ha terminado y no existe más que el eco de la luna y las estrellas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
08/12/11

lunes, noviembre 14, 2011

PREGUNTAS A LA NIEBLA.





No sabía lo que habría detrás de aquella puerta y menos aún tras la cortina sesgada y difusa de la niebla. La calle apenas se veía, las luces de la tarde ya estaban muy difusas y nada presagiaba que la luna y las estrellas se tomaran el relevo.



Pensé en lo hermoso que sería poder tener la facultad de convertirme en niebla. Poder llegar a todo el mundo, cubrirle con las telas invisibles, cegarle en suma y dejar a las personas a merced de su destino.



Y sería hermoso porque entonces entraría en sus entrañas y en su alma. Allí podría comprender por qué se ama, por qué se siente frío en el verano, por qué las golondrinas nos contemplan y nos cantan en las tardes, por qué los sentimientos se entremezclan y entrecruzan en un sístole y un diástole continuo, por qué lo blanco es negro algunas veces y por qué tantas preguntas sin respuesta nos hacemos cada día...



¡Bella niebla, lo que haces!. Sin quererlo ya has cubierto de preguntas el cuaderno y también de interrogantes.



Yo tenía ese algo de curioso de los hombres y poetas y aspiraba y deseaba conseguir esas respuestas traspasando tus umbrales. Pero veo que me encuentro tan a ciegas como antes, con el gris y la tristeza de las sombras, con el filtro inapelable de ese mundo que separa los destinos.



Densa niebla que nos llamas y nos dictas los deberes, que nos dejas susurrando esos granos de morfina que adormecen los sentidos. Yo quisiera ser tu amante, yo quisiera ser la rosa de tu pecho, yo quisiera ser el hombre que arrancara los suspiros de tus labios, yo quisiera ser el niño y el poeta que escribiera lo que encuentre tras tu ropa y tu vestido, yo quisiera ser la luz que tú te llevas en tu sueño.



...Pero quedo simplemente con mi mano en el cuaderno, con mis dedos vacilantes recogiendo tus latidos, con el alma lacerada y más confusa entre esta niebla que me ata y que me arranca mil gemidos.



Es por eso que te escribo y que te pido, con mis letras en la pluma, con mi voz en el silencio, con el grito desgarrado que ahora dejo en la cuartilla, que me expliques: ¿por qué vienes hasta mi para abrazarme?, ¿por qué haces que te pida esta pregunta?. ¿Es acaso por la niebla de mis ojos?, ó ¿es quizás por la otra niebla que atenaza, desde un tiempo, y que me ciega fuerte el alma?




Rafael Sánchez Ortega ©
07/11/11

viernes, noviembre 04, 2011

¡PERO NO TENGO TIEMPO...!


Me gustaría mirarte a los ojos para leer en ellos ese mensaje de tu alma y los versos ocultos que forman el poema de tu vida y que guardas en el cuaderno de tu pupila.



¡Pero no tengo tiempo...!



Me gustaría contarte mi vida paso a paso, desde la primavera hasta el otoño y luego vivir contigo aquellos momentos inolvidables, de una juventud grabada a fuego en mi recuerdo.



¡Pero no tengo tiempo...!



Me gustaría besarte y sentir tus labios temblando entre los míos, para gozar de esa comunión sin límites de tiempo, sin cadenas ni ataduras, sin hipocresías y sin miedos, donde la pasión estuviera presente y fuera nuestro centro.



¡Pero no tengo tiempo...!



Me gustaría abrazarte en ese espacio de tiempo que va desde el atardecer hasta el alba y luego, seguir abrazándote más y más, durante el día, deteniendo los relojes, retrasando los segundos, para que esos momentos fueran interminables.



¡Pero no tengo tiempo...!



Me gustaría darte la luna, cien rosas, un castillo, un bosque y una pradera con cervatillos, pero también quisiera darte las olas con su diadema, el mar verdeazulado con sus ojos, las nubes borrascosas, la cólera del viento y su abrazo invisible,y también me gustaría darte todo lo que existe.



¡Pero no tengo tiempo...!



Me gustaría llevarte en un viaje sin retorno para vivir intensamente en esos sitios de ensueño, de los que tantas veces hablamos y soñamos y allí, hacer realidad nuestros sueños, en los desiertos, en las ciudades, en los teatros y en los museos. Pero también me gustaría llevarte hasta la cima más alta del mundo y, al rincón más apartado del universo, para allí dormirme entre tus brazos.



¡Pero no tengo tiempo...!



Me gustaría llamarte por tu nombre, en un susurro, en una voz que apenas la sintieras, pero que te llegara en ese movimiento imperceptible de mis labios y que tú la entenderías porque allí estaba escrito tu nombre, como un eco.



¡Pero no tengo tiempo...!



Me gustaría gritarte dulcemente y decirte que estás equivocada, que no soy como te figuras, ni soy aquella persona que un día conociste ni soy el poeta libertino que gozaba por las plazas, en las noches, anunciando su locura.



¡Pero no tengo tiempo...!



Me gustaría salvarte de tu error y rescatarte de tus dudas y tus miedos,pero ello equivaldría a coartar tu libertad, a interferir en tu vida y a que levantaras la cabeza para que me vieras tal y como soy y creo que debes seguir siendo tú, a pesar de todo, y aunque me duela.



¡Pero no tengo tiempo...!



Me gustaría llorarte, y lo hago, pero quisiera llorarte en el silencio de mis versos y que ellos te llegaran y llevaran esa brisa que precisas, ese fuego que me ahoga, ese miedo que me impide ver mis dedos cuando tiemblan.



¡Pero no tengo tiempo...!



Me gustaría sentirte así, como te siento, y que este sentimiento no se fuera nunca, que no se olvidara ni quedara relegado en un rincón del alma, como un objeto decorativo, que volviera a mi recuerdo con la voz de la nostalgia.



¡Pero no tengo tiempo..!



Me gustaría escucharte nuevamente y estremecerme con tu voz, en los poemas recitados, en ese deletrar los versos de los otros mientras ibas rescatando los tuyos de tu pecho, en esa bella melodía y oración que musitabas dulcemente.




¡Pero no tengo tiempo...!



Me gustaría...



(En realidad me gustaría cerrar los ojos, notar tu presencia, sentir tu cariño, susurrar un "te amo" y escuchar tu respuesta).



¡Pero no tengo tiempo...!
Rafael Sánchez Ortega ©
04/11/11

miércoles, noviembre 02, 2011

¿A QUIÉN...?


De antes, preguntaba a las estrellas por mis cosas, por aquellos entimientos que afloraban, por los miedos y las dudas que venían y llegaban, como el mar y las mareas... De antes, me acercaba hasta las olas, en la barra, susurrando todo aquello que embargaba mis sentidos y tomando su respuesta entre el salitre y el nordeste.

Luego, más tarde, y con el tiempo, preguntaba a los amigos, por mis cosas, les hablaba de mis sueños infantiles, de los pasos de gigante que crecían en la isla diminuta e inaccesible de un océano sin nombre.

Pero ahora me pregunto: ¿a quién me acerco con mis dudas?, ¿dónde dejo las espinas que me causa mi conciencia?, ¿dónde puedo reponerme, de este largo caminar, en mi derrota hacia la nada...?

Es otoño y ya no miro a las estrellas. Ahora miro en el espejo de la vida ese mapa de mi cara que reflejan sus arrugas. Allí veo tantas sendas recorridas, tanto tiempo con su sístole y su diástole continuo y sin escanso, allí veo ese grafismo de la vida con sus rasgos sinuosos que no saben de fronteras.

Ahora busco los caminos en mis manos y en sus venas, mientras siento que la sangre acelerada, de hace tiempo, no recorre por mis venas. Hay un hielo en esas manos, hay un frío que penetra hasta los huesos, hay un miedo lacerante que se nota y que se palpa y que brota en unas lágrimas furtivas que se pierden por el pecho hacia los suelos.

Ahora observo mis pisadas vacilantes que se estiran en la playa, y tras ellas no me veo como antaño, ya no existe ese recuerdo ni tampoco la nostalgia del pasado. Una niebla me rodea, una bruma me atenaza con su abrazo, un susurro silencioso del otoño que me habla sin saber lo que me dice.

Ahora grito en el silencio, con la voz enronquecida, al vacío que me abraza
y me devuelve su silencio en esta tierra inalcanzable.

...Pero queda la pregunta sin respuesta: ¿A quién pregunto por mis cosas?, ¿a quién hablo del amor y del rocío de mi alma?, ¿a quién sonrío con su risa entre mis labios?, ¿a quién recojo entre mis brazos y acaricio dulcemente, mientras siento un corazón, en su latir apresurado entre mis dedos?, ¿a quién leo mis poemas y mis versos?, y ¿a quién le cuento mis secretos y le hablo en mis silencios sin palabras?...

¿A quién Amor?, ¿a quién...?

Rafael Sánchez Ortega ©
31/10/11

miércoles, junio 29, 2011

ENTRE LA NIEBLA...


Ahora podría hablarte de mi y de mis cosas. Hablarte de mi infancia, de mis juegos, de aquello que tuve y también de aquello que soñaba, pero estoy seguro de que mi vida no es distinta a otras muchas y quizás tampoco de la tuya.

Es cierto que carecí de muchas cosas, de detalles importantes y de otros que no lo eran tanto, vistos desde ahora, aunque entonces me parecían vitales, pero eso es algo que a todo el mundo le ha ocurrido.

Quizás la diferencia seas sustancial y única, esa que nos distingue de los demás, pero no tan profunda como a veces pensamos. Por ejemplo puedo decir que yo siempre he estado buscando algo y a alguien, aunque ese algo que buscaba fuera inalcanzable y algo abstracto, hasta el punto de que yo mismo ni sabía qué buscaba. A veces era una persona, otras una meta de llegada y en otras convertirme en el héroe que trataba de ser en aquellos años infantiles.

Crecí con estrecheces y carencias, pero crecí y pasé de la infancia a la juventud y fui libre. Volé con mis sueños tratando de surcar los cielos y me encontré de bruces con la cruda realidad. El amor y el dolor estaban muy unidos y casi siempre aparecían juntos como el anverso y el reverso de una misma moneda. Así que amé y lloré, como amamos lloramos todos, aunque yo lo comencé a hacer en mis versos, en esas letras que fueron formando mi secreto diario y que guardé celosamente.

Aquí si que creo que fui distinto, al menos por lo que escuchaba a mis compañeros y amigos y también por lo que leía entonces. Yo amé a ese algo y a ese alguien que buscaba, y también lloré por su causa. No me entregué a una causa perdida en aquellos años, aunque un sentido romántico de la vida me llevara a desarrollar un sentimiento sin decir una palabra, sin intercambiar una mirada y sin buscar unos labios.

Recuerdo la primera mano que tocó mi mano y recuerdo aquel momento tan sagrado. Sin embargo aquella mano y aquel cuerpo no fue el destinatario de mis labios en su primer beso, porque así estaba escrito en mi destino.

Un día conocí a una chica y comenzamos a intercambiar nuestras vivencias. Yo tenía quien me escuchara y ella se sentía protegida a mi lado. Salimos muchas veces, paseamos, contemplamos los atardeceres y fuimos capaces de ver pasar a las gaviotas camino de la costa mientras el sol se ocultaba en el horizonte.

Recuerdo un baile, una música suave, un vals. Recuerdo su cuerpo entre mis brazos, su cara apoyada en mi pecho y aquellos pasos velados en la noche, bajo la sombra vigilante del Seminario. La música sonaba y nuestros cuerpos, abandonados, giraban sin pausa, ajenos al baile y a todo lo que sucedía alrededor. De pronto paró la música y no nos separamos. Yo acaricié su rostro risueño y las pupilas silentes me hablaron. Levanté su cara y busqué sus labios. Y allí nos besamos, en el silencio de la plaza, hasta donde llegaba la música del baile tan cercano.

Al día siguiente salió el sol y comenzó un nuevo capítulo en nuestras vidas. Nos amamos, ¡sí!, de eso estoy seguro y amé como nunca había amado antes.

...Por eso decía al principio que podría hablarte de mi, y hablarte largo y tendido de mi infancia y de mi vida, porque mi vida, como la tuya y la de los que nos leen, es una larga novela con miles de capítulos por escribir, aunque este capítulo, que te acabo de contar,  fuera compartido y no mío en exclusiva, porque tú estabas en él, aunque ya no lo recuerdes.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/09/11

miércoles, mayo 11, 2011

ES CIERTO, TENÍA PENDIENTE DE ESCRIBIRTE...



Para ti, C...(Conchi)

Es cierto que tenía pendiente escribirte y quería hacerlo así, despacito y en silencio. Sin nadie que nos molestara ni nos interrumpiera, aunque la verdad es que nunca nadie nos ha interrumpido, a pesar de que tú permanecías calladita en aquellos monólogos interminables de mi parte. Pero también te he escuchado muchas veces. Esas en las que me hablabas de ti, de tus cosas habituales, de tus andanzas, de las personas que te rodeaban y, sobre todo, me has hablado con tu silencio.


Porque es cierto que es así, que en esas charlas sin palabras, en esos instantes mágicos e interminables, es donde nos hemos visto y encontrado.


Allí te has puesto cómoda mientras te hablaba. A veces, te estirabas y ahogabas un bostezo. Yo sé que te dormían mis palabras y que ellas te abrumaban mientras yo seguía hablando y hablando, en ese diálogo interminable.


Quizás estoy dando vueltas, entre mis dedos, a esta pieza de juguete de un mecano, mientras pienso qué te voy a decir ahora que no sepas, que no tengas ya en la mente y te sonrías al leerme, porque sé que tú me conoces bien y sabes lo que pienso y lo que siento, aunque quizás estés deseando oírlo de mis labios, escucharlo en las palabras que salgan de mi boca y leerlo en mis pupilas silenciosas.


Así que dejaré la pieza del mecano en la repisa de la ventana, tomaré tus manos en mis manos y te miraré a los ojos. Quiero ver en ellos el brillo de tu alma, quiero sentir el latir de tu corazón, quiero notar ese deseo en la punta de tus labios, quiero sentirte gritar y pedir que te abrace, que te diga que te quiero, que te susurre al oído que te amo.


Porque eso es lo que quiero decirte, lo que te quiero ofrecer, lo que te quiero dar ahora, aunque luego te enfades y aunque más tarde me evites y me cierres la puerta y la ventana, como una niña gruñona, porque en el fondo quiero romper el miedo de tu alma, quiero saciar la sed de tus sentidos, quiero hacer que sueñes y que vivas, que sientas el latido de tu pecho acelerarse con el viento y con la brisa, que busques a la lluvia en primavera y a la nieve en el invierno y quieras y ansíes a las olas de los mares y a los trigos en los campos de castilla.


Pero también quiero llevarte la música a los labios, la eterna melodía de la paz de los sentidos, la bella mariposa que venga hasta tus manos, el beso y la caricia de las fuentes, el llanto interminable de los ríos, el lecho inmaculado de las hojas en otoño.


...Porque quiero repetirte sin descanso que te quiero y que te amo. Que no importa, ni me importa, lo que pienses. Aunque creas que estoy loco, aunque mires a otro lado, aunque evites mi mirada y aunque creas que te acoso.


Después de este momento no habrá otro, porque hasta ahora te contaba y me contabas muchas cosas en silencio, pero ahora ya lo sabes.


He abierto con las letras mi costado, he hablado y te he contado todo aquello que guardaba. Ahora sabes lo que pienso y lo que siento, aunque sé que tú ya lo sabías, que intuías todo esto con tu miedo, con tus dudas, con tus nervios.


...Dejaré que tú te duermas nuevamente, dejaré que todo pase. Que se aplaquen las galernas de las almas, que se duerman las pasiones y sentidos. Dejaré que el tiempo marche, con mi vida, hacia la nada y si me evitas, si te alejas, quedaré con mis recuerdos añorando tu figura y tu presencia, tu peluche de gitana y esos ojos tan divinos que yo quiero y que yo adoro.


Rafael Sánchez Ortega ©
10/05/11

ES CURIOSO...



Es curioso lo que pasa en estos días, sé que debo de escribir y de escribirlo, pero no quiero.

Hoy me cuesta más que nunca teclear aquí, dejar constancia de lo que pienso, traer un sueño ó un recuerdo, volver la vista atrás y ver las cosas bellas que ocurrieron, las personas que pasaron por mi vida, los momentos de bonanza...

Me cuesta concentrarme en lo que escribo. Quisiera estar a solas, llorar conmigo mismo, hablar a la persona que a mi lado me acompaña, decirla que no es bueno estar así, que la tristeza no se toma y se conserva, que el amor es una frase simplemente, un vacío que uno trata de cubrir con muchos sueños.

Quisiera despertarme a miles kilómetros, allí donde la vida me fuera indiferente, donde las gentes no repararan en mis pasos, donde nadie preguntara por mi alma, donde caras y figuras fueran solo unos perfectos desconocidos.

Es cierto que un cambio de ánimo tiene un porqué, un motivo, un algo que lo causa, y yo lo sé, pero no importa. En realidad hoy nada importa, como siempre.

Pensaba, en estas horas, que la vida es la cuenta atrás a una partida, el momento que se vive en un instante, el segundo que es presente y es pasado, al mismo tiempo, la sonrisa de los cielos que se plega sin sentirla, el abrazo de los dioses que se burlan de nosotros.

Pensaba...

Pero no, no pensaba y eso es lo grave; sentía simplemente como el alma se rompía en mil pedazos, como yo, con mis castillos en la vida, construía falsos sueños y esperanzas, me abrazaba a los recuerdos como un niño ante su madre, reclamaba una limosna de unos labios, ese beso tan ansiado de la infancia, esa mano que se pose por mi cara, ese abrazo fraternal y tan sincero, tantas veces reclamado, y siempre ausente...

Quizás por eso suspiraba y restañaba aquellas lágrimas traidoras, esas perlas que fluían de mis ojos; contemplando, en mi delirio, una cara, unos pasos en la acera, una mano entre mis manos, una voz que me llamaba y susurraba tiernamente, un poema recitado, unos versos rescatados de unos labios...

Y el amor, ¡bella palabra!, allí latente, se quemaba en las entrañas de mi pecho, en la sangre acelerada de mis venas, en las letras que escribía y ocultaba, porque a nadie le importaban.

Era mío el sufrimiento y mi secreto, eran mías mis palabras y el silencio, aunque hubiera tras de todo una figura, una cara sonriente y un amor sellado a fuego entre mis labios.

Rafael Sánchez Ortega ©
01/05/11

jueves, abril 28, 2011

PARA TI...


No sé si sigues mi cuaderno, ni si vienes tras mis pasos. En realidad no pienso en ello, aunque sí en ti.


Te conocí hace tiempo en este mundo coincidente, aquí donde se juntan los dioses y demonios, los genios y los locos, los seres variopintos de la vida que buscan las migajas y el consuelo.


Yo buscaba, en aquel entonces, un lugar para mis sueños, una tierna compañía de princesa enamorada, una dulce melodía de unos labios y una voz y una mirada, un latido presuroso de mi pecho...


Y buscaba todo eso y me lo diste poco a poco. Me ofreciste tu cariño a tu manera, tu palabra entrecortada, tus secretos inconfesos y también esos retazos, las pequeñas marionetas de tu vida con sus juegas y jaranas.


Me contaste tantas cosas, compartiste en muchos ratos tanto y tanto de tu alma, que ahora mismo, al recordarlo, me sonrío por idiota, pues me estabas ofreciendo tu cariño en un regalo, tu amistad sin compromiso, tu paciencia ilimitada con mis sueños de cristal, y el amor que tú sentías también vino hasta mi lado en aquel tiempo.


Pero yo no te entendía. Te veía tan lejana, tan ausente, tan centrada en otras cosas y personas que los celos y la envidia se engarzaron en mi alma, la atrofiaron y llorando y con mil dudas me alejé de tu destino.


Ha pasado mucho tiempo y he cambiado. Hoy te quiero como nunca te he querido, te respeto, y me alegra tu alegría y sonrío con tu risa y una nube de tristeza forma arrugas en mi frente con la tuya, cuando siento que estás triste.


El amor estaba cerca y está cerca y no lo vemos. Caminamos como necios por la vida tras de sueños y quimeras. Olvidamos a los seres que nos quieren, que nos dejan su palabras, que nos miran, que nos hablan, que preguntan cómo estamos, que sonríen y nos dan unas canciones de regalo.


¡Olvidamos tantas cosas...!


Pero yo no te he olvidado. Eres nube tras la niebla, eres nieve en el invierno, eres alga y eres yodo con salitre de mis mares, eres voz y eres palabra, con un rostro que no olvido y que recuerdo cada noche.


Es por eso, que si vienes y visitas mi cuaderno, si paseas por la casa de mis sueños, verás quizás, en estas letras, el mensaje que te mando. Un mensaje de cariño y de respeto, con amor, en un abrazo, para ti, en este día.


Rafael Sánchez Ortega ©
28/04/11

viernes, febrero 11, 2011

MUNDO DE HIPÓCRITAS


Miraba al mar, calmado y reluciente, que se extendía hasta perderse en el horizonte. Miraba y contemplaba aquella inmensidad de agua, como dueño y señor de la misma. Se sabía a salvo de peligros, de temporales y galernas. Las olas pasaban a su lado mientras iban a dormir en la playa cercana.

En realidad había alcanzado ese punto de la vida donde todo le sonreía como persona. Su reputación la había conseguido a través de muchos años de trabajo, en su entrega y dedicación. Por otra parte en la sociedad donde vivía, su nombre era pronunciado con respeto y no había nadie que dudara de su honestidad. Podíamos decir que "su barca" navegaba por mares tranquilas.

Sin embargo algo había ocurrido. Algo había pasado para que ahora, él estuviera allí, en la barra, contemplando aquella panorámica y buscando en el horizonte esa señal invisible que se le escapaba y que incluso ni sabía cómo era.
En la tarde, alguien había escrito, que vivíamos en un "mundo de hipócritas" y aquella frase le había dolido al leerla.

Es cierto que la vida no es un camino de rosas, que muchas veces hay que hacer malabarismos para sobrevivir, que hay que sortear las tentaciones que nos llegan para seguir tu propio camino, y que unas veces lo consigues y otras no, pero de ahí a considerar a las personas unos hipócritas...

Aquella frase empezó a darle vueltas en la cabeza y no se la podía quitar de encima.
Minutos después de leerla se encontró con María, una compañera y amiga y tras el saludo pertinente la preguntó:

-¿Crees que el mundo es de los hipócritas?.

-¡Ay Javier, qué cosas tienes!, ¿acaso te consideras tú un hipócrita?.

-Bueno, yo no. No me considero un hipócrita.

-Entonces tranquilo, el mundo no es de los hipócritas. -Le respondió ella con una media sonrisa.

-¿Y entonces cómo se puede decir algo semejante?.

-¿Quién lo ha dicho?.

-Lo he leído esta tarde, en un mensaje que una amiga enviaba a otras personas.

-Ya, pero eso puede haber sido por muchas razones. Por ejemplo una broma, tratar de ensañarse con alguien, mostrarse despechada. No sé, hay mil cosas a las que se podría aplicar.

-Pero no tiene sentido y más viniendo de esta persona.

-¿Tanto te ha afectado lo que ella haya dejado escrito?.

-¡No, no!, no es eso. Mira no entro a juzgar el fondo ni el porqué ha dejado escrito eso. Es que al leerlo me hizo pensar en mi mismo, en todo este largo recorrido de mi vida y en cómo he llegado aquí, a estos años y en esta situación desahogada. Me preguntaba si para lograr esta estabilidad no habré sido un tanto hipócrita y egoísta.

-Es posible que sí, Javier, en el fondo todos somos un poco egoístas, pero de ahí a ser un hipócrita... Bueno, conmigo lo fuiste y te lo dije en su momento.

-No María, nunca fui hipócrita contigo y siempre te dije lo que sentía.

-Sé que me dijiste lo que sentías Javier, pero quizás lo que siempre te he reprochado fue lo "que no me dijiste", cuando dejaste de sentir aquello por mi persona, y eso es lo que hace que te vea como algo hipócrita y egoísta.

-Pero yo te quise María. Sabes que así fue. Si aquello fue amor ya no lo recuerdo. Nunca quise hacerte daño, quizás por eso me costaba tanto mirarte a los ojos y decirte que lo nuestro había terminado.

-Lo malo es que yo siempre te amé, y esa era la diferencia. Quizás tú no supiste verlo ó si lo viste quizás miraste para otro lado. Lo pasé mal y entonces quizás debiste decirme la verdad, no seguir aquel juego de palabras y promesas que a nada conducía.

-Sé que no me porté bien y te pedí perdón muchas veces por aquello. No merecías aquel trato y de verdad que no sabía como ayudarte para superar todo lo que estaba pasando.

-No mires atrás, ya es pasado. Ambos hemos cruzado una larga travesía. Ambos lo hemos superado, ¿verdad?.

-Si, María. Tienes razón.

-Bueno Javier, te dejo. Se me hace tarde. Ya nos volveremos a ver en otro rato para que me invites a un café, hoy no puedo.

-Será un placer María. Cuídate.

Ella acercó sus labios y depositó un beso en los suyos temblorosos. Luego la vio alejarse y sin darse cuente comenzó a caminar, hasta llegar allí, a ese muro de la barra, desde donde se divisaba el mar y el horizonte y donde, dentro de un rato, el sol descendería en el ocaso para perderse en el lecho de los océanos.

Allí estaba él, Javier, con su éxito a las espaldas, con el mundo a sus pies y con tantos años de gloria. Pero también quedaba allí la sombra y la duda, y quedaba en esa "tierra de hipócritas", en ese mundo que también conocía y donde había participado para llegar a la gloria.

Quizás era por el nordeste de la tarde, pero sintió un escalofrío. Algo no encajaba, algo en aquel rompecabezas se le escapaba. Hacía unos minutos María le había hablado de amor y le había repetido que ella le había amado y que él no supo verlo. ¿Por qué pasó aquello?...

¡Quién sabía!, de lo ocurrido entonces hacía ya muchos años. Entonces navegaba por la vida "viento en popa a toda vela", como decía la poesía, hoy ya en el ocaso de la tarde y de su vida, cuando lo tenía todo, sabía que navegaba en un "barquito de papel", y que ese barquito, aunque estaba soportando galernas y temporales, precisamente por ser de papel, estaba completamente húmedo y el lastre de su peso le conducía irremediablemente a las profundidades del abismo, a pesar de su fama, a pesar de su gloria y a pesar de sus dudas.

Entonces recordó algo importante, algo que ya casi había olvidado y era que la mano que escribió aquella frase, la de que vivimos en "un mundo de hipócritas" era la mano de la persona que había creído amar una vez y por la que dejó a María.

El silencio que le rodeaba tenía la respuesta a su propia hipocresía. Solamente las olas eran testigos de como se iba hundiendo "su barco de papel", mientras él pronunciaba un nombre y recordaba un beso que unos minutos antes, habían dejado en sus labios.

Rafael Sánchez Ortega ©
10/02/11

viernes, enero 21, 2011

LAS TRES CHIMENEAS


Era difícil concentrarse entre aquellas cuatro paredes y sin embargo su mirada permanecía fija, contemplando las brasas de aquella hoguera, que lentamente iban dando cuenta de un tronco consumido por sus llamas.

Tenía que escribir de un tren y un viaje por llanuras castellanas en la noche. Debía de explicar aquel olor a hollín, característico, que entraba por el resquicio de la ventana, entre el traqueteo del vagón y esa danza acompasada de su cuerpo, en un duermevela inesperado.

Debía repetir aquellos sueños e ilusiones que le llevaban lejos de su pueblo, en busca de una persona a la que apenas conocía más que a través de una correspondencia viva y fresca, que había surgido hacía unos meses, y por la cual llegó a escribir y recibir diariamente dos y tres folios escritos

Explicar todo esto era tarea difícil, y lo sabía, pero debía hacerlo, debía contar todo aquello, debía decir ahora, en ese momento que sí, que estuvo enamorado, que creía en el amor y que fue en su busca, en un viaje desesperado hacia la nada.

Pero también debía de escribir de aquel barco de su niñez, en el que tantas veces había jugado en sus ratos libres, tenía que hablar de aquellas escamas rescatadas de las tablas y maderas, que los peces dejaron olvidadas y que luego, los marineros, no lograron quitar con el baldeo correspondiente.

Debía hablar también de aquellos ratos en que había entrado en la caseta del patrón para empuñar el timón y a pesar de que su cabeza no abarcaba por encima de la proa, ya era capaz, en su imaginación de tripular y llevar la embarcación a buen puerto, tal y como estaba cansado de leer en los libros y en los cuentos.

Y también le contaría a las estrellas de aquellos momentos en que asomado por la borda, buscaba las sirenas y también a las princesas, creyendo que las mismas cruzaban sobre los lomos de los delfines y ballenas que su mente había creado, cuando en realidad, el barco, nunca se había movido de la rampa del muelle.

Por último sabía que debía escribir de ese sitio donde estaba, de ese hogar donde ahora se apagaban esos leños y unas brasas perezosas relucían, resignándose a dormirse.

Allí pasaron tantas cosas... En las cercanías hubo besos y abrazos, también sonrisas y lágrimas, hubo silencios y soledades, existieron las fiestas y los bailes, corrieron los niños y hablaron los mayores y hasta una gatita perezosa, durmió cerca, muy cerca de las llamas, pero prudentemente apartada y eso sí, buscando el calor que la misma desprendía.

También allí quedaba parte de su vida, entre esas cenizas, entre esas paredes, en esos recuerdos que nunca olvidaría. Pero la vida continuaba, el pasado estaba ya superado y ahora debía mirar adelante, a ese presente que continuaba segundo a segundo y a ese futuro que se anunciaba en el mañana.

Tomó las cuartillas y fue rompiéndolas una a una para luego arrojarlas a la hoguera que pronto cobró vida y las transformó, en un abrazo, con su fuego, en unos pliegos grises y cenicientos que se fueron deshaciendo en su protesta.

Se levantó y salió de la casa. Afuera hacía frío y desde el porche pudo contemplar su chimenea firme y orgullosa y por ella vio salir el humo que se llevaba todos los recuerdos, el del tren, el del barco y el de la casa.

Al fin y al cabo, pensó, eran los recuerdos de tres chimeneas en tres momentos de una vida, de su vida, a la que ya no había vuelta ni retorno.

Rafael Sánchez Ortega ©
20/01/11

miércoles, enero 05, 2011

A VECES...



A veces los silencios ahogan al silencio,
a veces las fontanas se agotan y se callan,
a veces las sonrisas se apuran y se pierden,
a veces las miradas se quedan congeladas,
a veces los suspiros se envían a unos labios,
a veces los latidos se mueren y se apagan,
a veces los mayores no entienden a los niños,
a veces los poetas escriben con el alma,
a veces los jardines ocultan a las rosas,
a veces las heridas existen y no sangran,
a veces las gaviotas dormitan en el aire,
a veces los marinos disfrutan de la calma,
a veces las pasiones engendran más pasiones,
a veces la galerna da paso a la bonanza,
a veces los lamentos se pierden con el eco,
a veces los pañuelos enjuagan muchas lágrimas,
a veces las estrellas eclipsan a la luna,
a veces las ausencias son sombras que se marchan,
a veces la guitarra se queda enmudecida,
a veces los ausentes nos gritan y nos llaman,
a veces el vacío, produce más vacío,
a veces las tinieblas son densas telarañas,
a veces el nordeste nos besa y estremece,
a veces es la brisa quien llega en madrugada,
a veces, por la playa, se esfuman tantos sueños,
a veces con los sueños dormimos esperanzas,
a veces las razones no atienden a razones,
a veces las palabras se quedan en palabras,
a veces las promesas son frases y cumplidos,
a veces, simplemente, ¡vivimos para nada...!

Rafael Sánchez Ortega ©
04/01/11

lunes, noviembre 15, 2010

POESÍA DEL SILENCIO

He leído en algún sitio que la Poesía brota del silencio, sin embargo, estando de acuerdo en el principio, de que la Poesía "brota", que nace, que mana, pienso que no es del silencio de donde se inspira, sino del alma de las personas y de la propia vida.

Es una frase bonita leer eso, hasta suena bien como metáfora, pero la realidad es diferente. La poesía es como un eco que llega, que sale y se extiende, que contagia y que embriaga los sentidos. Es algo que enerva y que estremece a las almas sensibles, sacándolas del sueño eterno de la indiferencia.

La Poesía, aún saliendo del silencio de las almas, brotando incluso de las profundidades de la tierra, busca la vida, busca a las personas para decirlas que aquí está, en lo que les rodea, en las miserias y las grandezas de todo aquello que se ve, que se palpa y que se siente.

Y está en la vida y en la muerte, en la salud y en la enfermedad, en el amor y en el odio. Está en todas partes donde se posa la mirada, como si fuera la brisa de ese aire invisible que te abraza y te rodea.

La Poesía del silencio, quizás es la que se ahoga en la garganta, la que pugna por salir de las entrañas de los débiles, la que perece muda en los labios del suicida, la que duerme en el alma de los niños...

Quizás por eso, al leer ese artículo sobre la Poesía y que la misma brota del silencio, he sentido que el volcán de mi pecho entraba en conflicto, que mi sangre se agitaba como la lava en erupción y he gritado a mis dedos para que vengan aquí, para que escriban, para que saquen esas letras que quizás estaban en silencio, aunque no sea esto una poesía.

"Poesía del silencio"... Eterna paradoja del poeta. Quizás los versos que le nacen, los que declama, los que busca cada día, son parte de ese silencio reprimido, de ese silencio autoimpuesto, de esa censura que él mismo se hace y por eso es la razón del silencio.

Sin embargo, y aunque pueda parecer una contradicción, también ahí existe Poesía; también en esa alma que lucha, que vence y es vencida existe poesía, a pesar de los silencios, a pesar de las heridas, a pesar de estar a punto de extinguirse ya la luz de su mirada.

...Y existe Poesía porque el ser y la persona que la buscan cree en ella, cree en la vida y las personas, tiene fé en que la luz que ahora vislumbra, en el fondo de esos versos que palpitan en su alma, son la puerta y la ventana de la vida, y tras ella está el Amor. ¡El bello Amor tan añorado!, la utopía perseguida tanto tiempo, desde niño.

¡Poesía del silencio de los niños y los ciegos!, quizás estés ahí, esperando que te llamen y te busquen, pero ¡no!, yo seguiré sumido en el silencio. No gritaré tu nombre, ni buscaré tu sombra. Sé dónde estás, sé dónde vives, simplemente me conformo con mirarte y escucharte y en la noche, buscar inquieto la almohada, confundiendo sus arrugas con tu cuerpo.

Rafael Sánchez Ortega ©
14/11/10

sábado, agosto 28, 2010

NO SÉ POR QUÉ RAZÓN VOLVÍ A ESCUCHARTE...

No sé por qué razón volví a escucharte, volví a sentir tu voz en mis oídos y tuve que pararme.

No sé de dónde procedían tus palabras, no era la llamada de un teléfono, ni era un susurro de tus labios, tampoco un mensaje con tu letra en la cuartilla...

Pero allí estaba tu voz inconfundible, esa voz alegre y cantarina con su toque de nostalgia, esa voz de primavera florecida que alegraba la mañana, esa voz que en el ocaso despedía con el eco a la luz que marchaba, esa voz que estremecía los sentidos con su encanto y con su infancia.

...Y detuve mi camino, intentando descifrar lo que decían tus palabras. Eran frases y retazos que alentaban y dejaban esperanzas. Me decías "que adelante, que siguiera paso a paso caminando, que llorara si es preciso sin parar y detenerme, que dejara que mis lágrimas bajaran hasta el suelo y con ellas esa rabia y la impotencia por ser hombre simplemente, que mirara hacia los cielos y buscara entre las nubes esa mano que se asoma, esa luz, que como un faro ilumina los caminos, esa estrella con mi nombre que lo arrastra al infinito".

No sabía qué decirte y tan sólo te escuchaba. Te escuchaba en el silencio de la noche, te escuchaba recitando aquel poema, tan sencillo, que una tarde me leíste junto al faro, te escuchaba en aquel rezo compartido en la Capilla de la Virgen, te escuchaba en aquel día jubiloso en que ambos nos miramos y dijimos el "si quiero", te escuchaba con tu voz que me envolvía y abrazaba...

Más de pronto tuve frío y me vi que estaba solo en mi silencio, con tu voz y tu recuerdo, con la gracia y el encanto que surgían de tus labios, con las frases y palabras que una a una me decías, con el dulce recitar de tu mirada, con la onda candorosa de tu pelo, con tu embrujo y el perfume de tu cuerpo, con el tierno escalofrío de tu alma, con tu pecho tan ardiente y sus latidos, con tus besos que llegaban de sorpresa, con la mano que rozaba mis mejillas, con tus dedos explorando mis sentidos...

...No sé por qué razón volví a escucharte, pero estabas a mi lado en ese instante, entre mis brazos y en mis sueños.

Rafael Sánchez Ortega ©
28/08/10

jueves, agosto 26, 2010

NUNCA ES TARDE...


Nunca es tarde si se tiene una esperanza, si se escuchan en el cielo los saludos de los astros, si una luna parpadea y te ofrece su sonrisa, si una playa y unas olas hoy te invitan a su baile, si el salitre que te llega es perfume de las algas, si la nieve en las montañas te da un beso y un abrazo, si los ríos y los montes te susurran y te hablan...

Nunca es tarde para oir la sinfonía de los robles en el bosque, si es que llevas en el alma esa fibra tan sensible, si te paras en la calle contemplando a los que pasas, si disfrutas mientras ves a los pequeños con sus juegos en el parque, si te encoges y estremeces escuchando la plegaria de aquel ciego suplicando que le compres los cupones del sorteo, si te acercas a los muelles a mirar como descansan los veleros, si caminas tras tus pasos escuchando tus latidos, si suspiras cuando viene a tu recuerdo ese rostro tan amado...

Nunca es tarde para amar cuando te aman, si es que sientes esa sangre que discurre acelerada por tus venas, si la sientes por tu cuerpo, si te inflama, si te eleva hacia los cielos, si aceleras más tus pasos y hasta emprendes la carrera, si renuncias a la caja de cigarros que fumabas en el día, por tener tus labios frescos, esperando que los busquen y los besen...

Por lo tanto, nunca es tarde, para nada, mientras haya poesía, mientras sople con bravura el huracán del sudoeste, mientras veas esa mano que te ofrecen y la tomes con las tuyas, mientras notes el calor de la mirada que se busca en el espejo de tus ojos...

Nunca es tarde, para nada, amigo mío y tú lo sabes.

Rafael Sánchez Ortega ©
26/08/10

lunes, julio 19, 2010

HE CERRADO TUS OJOS MALHERIDOS

(A un amigo irreemplazable)



He cerrado tus ojos malheridos, he cerrado tus ojos muy cansados, y al hacerlo he sentido escalofríos y que algo marchaba hacia el ocaso. Se acababa tu vida y lo sabía, te marchabas por siempre de mi lado, sin adioses, sin prisas, sin suspiros a dormir ese sueño inacabado.

Te llevabas contigo los recuerdos, los momentos felices de un pasado, y también te llevabas los segundos que en silencio, entre ambos, nos robamos. Aun recuerdo aquel día en que llegaste como linda sorpresa de un regalo; no esperaba tu grata compañía ni que fueras, la sombra de mis pasos.

Compañero de días y de noches, compañero de viajes y descansos, compañero en el frío del invierno y también en las tardes del verano. Tú supiste conmigo mis secretos, y escuchaste a mi pecho acelerado y también recibiste las caricias de unos versos venidos a mis labios.

Y así fue como fuiste mi cuaderno, la cuartilla y el lápiz tan ansiado, donde iba dejando que salieran esas letras y signos con sus trazos. Percibiste el latido de mi pecho y también su tic-tac acelerado, y pudiste dar fé de mis sentidos, de mis sueños y mundo en el que viajo.

El destino te trajo a mi presencia conducido quizás por una mano, no sabía, ni supe hasta ese instante, lo que tú me dirías sin pensarlo. Porque hablé muchas veces a tu oído y escribí muchas veces tu teclado, otras tantas jugaste entre mis dedos a pesar de estar lejos y pensando.

También tú compartiste los momentos de mis sueños felices y pausados, recogiendo quizás esos instantes y guardando el secreto en tu regazo. ¡Cuántas cosas tendrías escondidas, a través de este tiempo y estos años!, es posible que cambien las personas pero no el sentimiento que han mostrado.

Es por eso que ahora al despedirte, un dolor se acrecienta en mi costado, he perdido al amigo silencioso que marchó para siempre de mi lado. Buscaré otro amigo que te supla y que haga por ti tantos recados, buscaré el reloj que dé las horas y que marque los días muy despacio.

Pero tú, compañero irreemplazable, llevarás tus secretos encerrados, dormirán a tu lado para siempre, esos besos que tanto has presenciado. Dormirán las palabras y suspiros con los labios que a veces he besado, dormirán en un lecho de diamantes, dormirán para siempre con mi abrazo.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/07/10

martes, julio 13, 2010

DOS VISIONES

Afuera el partido de fútbol tenía a la gente pendiente de un campo. Adentro un enfermo esperaba en la cama de Urgencias.

¡Qué inquietud para ver el partido, para ver esa bola rodar y buscar una puerta!


¡Qué serena impaciencia mostraba el enfermo, con la vía en sus venas y el oxígeno puesto!

Hay pasión en la gente que espera, la que ansía que suene el silbato y se mezcle el balón con la hierba, entre botas y piernas.

Hay dolor en la cara que sufre, la que espera en silencio y ahoga un gemido, la que tiene los ojos inquietos.

Sin embargo el partido se anima, ya se saca una falta en el borde del área, pues se busca ese gol tempranero, el que rompa las redes y lleve hacia el triunfo.

Más el pecho que late deprisa tiene miedo a los cables y cardios, a la placa que harán de su cuerpo, al siseo que deja el oxígeno en la caja de plástico.

Hay un ¡ay!, que se escapa en al aire, es un grito alargado y profundo tras un tiro que sale rozando el larguero.

Hay un ¡ay! en la cama que escapa al enfermo, es la nota profunda del hombre y su pecho, es un grito que sale y que rompe el silencio.

...Y yo asisto impotente a este cuadro, al partido que dan en la tele y no veo, al enfermo que duerme y que espera, a ese gol que se escapa rozando y no llega y también la sonrisa en la boca de ese ser, que en urgencias, aprecio de veras.

Rafael Sánchez Ortega ©
13/07/10

lunes, junio 28, 2010

¿FIN DE UN CICLO?

Abrí el Blog con la intención de escribir unas letras, dejar unas líneas y simplemente decir adiós.

Sin embargo he estado un largo rato mirando al editor de textos vacío, sin una letra depositada y mientras esto pasaba me vino al pensamiento el recuerdo de la conversación de esta tarde, entre aquel viejito campesino que abrió su alma y me contaba una parte de su vida.

Escuché sus días de trabajo, de sacrificio, de privaciones para sacar adelante una familia y para dotarla de todo aquello que él nunca tuvo. Y le recordé feliz y triste a la vez. Feliz por haberlo conseguido, por no considerar al dinero como el objetivo de su vida y por haber entregado a sus hijos todo aquello que le pedían y necesitaban y mucho más aún, con motivo del egoismo de algunas personas que llegaron a formar parte de su familia, al casarse con sus hijos.

Sí, aquel hombre era feliz mientras contaba todo aquello y también habìa una nota de amargura y de tristeza que desbordaba su alma. Tristeza por el maltrato recibido, por la palabra altisonante, ante el silencio, y una infinita amargura porque hubiera querido tener más tiempo y más fuerzas para poder hacer felices a todos aquellos seres que un día formaron su familia y que ahora, por motivos de esos enlaces y matrimonios, perdieron su propia identidad y también la razón de ser del núcleo familiar.

Me hablaba del dinero, de la donación de fincas, de la construcción de viviendas, de las privaciones para que sus hijos tuvieran de todo y así es. Lo sé porque conozco su vida, conozco a esa persona y simplemente conozco el trasfondo que oculta su alma.

...Todo esto pensaba ahora, cuando he abierto este Blog, cuando vine a tratar de plasmar mis sueños y me quedé pensando, recordando aquella figura mayor y cansada, que me hablaba y contaba esa parte de su vida.

¡Y yo que vine con la intención de cerrar este Blog!...

¿Qué derecho tengo a ello?, ¿acaso mis problemas son superiores a los de esta persona que hoy me hizo esas confidencias?, ¿es que mis sueños tienen que morir y quedar condenados al olvido?...

Quizás no tenga oyente como el viejito de la tarde, quizás nadie venga a ver mis líneas, pero eso no me importa, no escribo para eso ni con ese propósito ni tampoco busco el aplauso y la medalla.

Soñar como los niños, como los viejitos del parque, como los hombres que hablan a las aves, como los locos que hablan solos y nadie les hace caso. ¡Soñar, simplemente soñar...!

¿Por qué tengo que renunciar a mis sueños sin con ellos no hago daño a nadie?, ¿porque algunas personas me acusan de lo que no es?, ¿de actuar incorrectamente?, ¿de no ser sincero?...

...Al final recuerdo al viejito de esta tarde. Le veo en toda su dimensión y me digo que sí, que tiene toda la razón, que la vida es mucho más sencilla de lo que la gente se imagina y que lo único que hay que hacer es bucear en el alma de las personas, dejarlas hablar, escuchar lo que dicen y pulsar esas cuerdas divinas que tienen y llevan en sus sueños.

Porque la vida es así, como los sueños.

Gracias por su paciencia y comprensión y si en algún momento he podido ofender a alguien en este tiempo pido perdón a todos, pues nunca he querido faltar ni menospreciar a persona alguna, ya que todos los seres humanos, merecen mi respeto y creo que es lo que debo hacer, aparte de soñar y tratar de ser como un niño, para llegar al corazón de los demás y de la propia vida.

Rafael
27/06/10