sábado, mayo 29, 2010

FRAGMENTOS...

Soplaba un frío viento que llegaba desde la costa y parecía una incongruencia, un contrasentido en la tarde de primavera, pero así era. El nordeste y la brisa llegaban con fuerza, golpeando con sus besos invisibles el alma del hombre, y éste, dolorido de soportar tantas muestras de cariño, tanta rabia acumulada y tantos celos enclaustrados, lanzó un suspiro hacia el cielo, en un grito silencioso, una súplica, un oración a Dios, entre lágrimas y llantos para que cesara ya ese remolido, ese volcán de pasiones, ese eterno viacrucis hacia el Gólgota.

...Pero el cielo le envió una mirada cómplice, un susurro levemente hasta su alma, una música velada y sin sentido.

"Ten fe, -le decía-, todo pasará, esto sólo es fruto de un momento, pero lo vas a superar, puedes estar seguro".

Mas el hombre, nuestro hombre ya estaba cansado de la lucha, cansado de ese viento, cansado de sus besos venenosos y cobardes, cansado del cariño que, decían llegaba con la brisa y no sentía, cansado de su lucha diaria con la vida y con sus letras. ¡No!, ya nada tenía sentido. ¿Para qué seguir luchando?, ¿para qué enfrentarse a los designios del destino?, ¿para qué amar un imposible?, ¿para qué escuchar a la brisa, con su música invisible, que llegaba envenenada hasta su alma?

-"Entonces podemos discutirlo"

Eso dijo alguien y su voz llegó como un eco a nuestro hombre.

-¡No!, no es para tanto, todo se puede discutir, todo se puede dialogar, también se puede hablar de tú a tú, mirando fijamente las pupilas y tratando de buscar lo que se esconde tras las mismas.

Pero ya era tarde y nuestro hombre estaba solo en esa soledad del guerrero abandonado en el campo de batalla. Sólo el vacío y la soledad, sólo las lágrimas y el llanto, el recuerdo de aquel beso tan amargo y un pasado no brillante, la nostalgia de unos versos mal escritos transportados al cuaderno por sus dedos, sólo eso y un montón de sueños ya caducos y lejanos, aunque sigan aflorando sus latidos y recuerdos.

...Un murmullo que se diluye con el viento, en esa especie de canto que proviene del mar y del salitre y que baja de la luna y las estrellas. Se escucha una suave voz que queda en evidencia, es una frase con dos versos rescatados de un poema que nunca salió hasta la cuartilla, unas letras simplemente con un nombre y un mensaje:

"...Estoy triste y mis labios susurran unas letras que forman tu nombre..."

Una vez y otra vez, la frase se repite en los labios de este hombre que ahora llora, del niño con tras el alma del poeta, el que marcha sin pausa hacia el destierro, el que embarca en ese tren hacia la nada, el que sale y se diluye como el humo en la distancia.

Sin embargo es cierto que sus ojos brillan y lo hacen con la fuerza de ese llanto derramado, con el agua que ha regado las semillas de una tierra fecundada, entre cardos y azucenas, entre espinas y entre rosas, entre matos y entre jaras, con el alma remendada en ese pecho destrozado que suspira..

Puede ser que sean fiebres ese brillo de sus ojos, puede ser que sea el sueño que allí sale, puede ser que sea simplemente esa eterna fantasía de la muerte que ya viene, que le roza suavemente con sus alas, que le arropa para hacerle más liviano su trayecto, que le besa como el viento del principio, que le abraza y que le ahoga, y le lleva hacia el Parnaso con su barca.

Las miradas se dispersan con las nubes y al final se quedan los dos solos, frente a frente. Nuestro hombre con el viento, en eterno desafío, preguntando por los besos que le llegan con la brisa, por las lágrimas traidoras que bajaban por su cara, por los cientos de promesas susurradas en su oído por las olas de la playa, con el alma que se ahoga y que ahora tiembla por el llanto, con el pecho dolorido y ya sin sangre que suspira, con el sol y con la luna que se alternan por el día y por la noche.

Y así acaba esta parte de la historia; los dos solos frente a frente, nuestro hombre y su conciencia, nuestro hombre con su alma, nuestro hombre con sus sueños, con la luna y las estrellas, escuchando la resaca que ahora llega a la ribera.

Rafael Sánchez Ortega ©
31/05/10

2 comentarios:

Mercedes e Isabel dijo...

..y el hombre queda susurrando al infinito, cuenta sus secretos mas intimos,
el hombre no sabe que le nacen flores en los dedos,
flores como las de Jericó, que florecen en hostiles desiertos,
flores que hablan y milagrean…
… como siempre un placer leerte
Amanda

Blue dijo...
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